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NoticiasPróxima generación de prótesis, órganos artificiales y dispositivos médicos
Ingeniería con propósito, tecnología para reconstruir vidas
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event 19 Ago, 2026

Un desastre natural puede transformar una vida en cuestión de segundos. Más allá de los daños sobre viviendas, carreteras o infraestructura, una emergencia también deja lesiones físicas, procesos de rehabilitación y desafíos emocionales que pueden extenderse durante meses o años.
El reciente sismo vivido en Colombia vuelve a poner sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿cómo puede la ingeniería contribuir a preservar la vida y acompañar su reconstrucción después de una catástrofe?
En este escenario, la bioingeniería adquiere un papel especialmente relevante. Su capacidad para integrar conocimientos de diferentes áreas y convertirlos en equipos tecnológicos para diagnóstico, rehabilitación, instrumentación y análisis de bioseñales permite desarrollar soluciones para problemas relacionados con la salud humana, animal y vegetal.
Desde esta perspectiva, Ángela Fernanda Gómez Jiménez, directora del programa de Bioingeniería e Ingenieria mecatrónica programas Adscritos al área de innovación , automatización y productividad de la Universidad de La Salle, destaca la importancia de comprender la ingeniería no solamente desde la tecnología, sino desde su capacidad para responder a necesidades humanas o animales concretas.
La aparición de prótesis inteligentes, órganos artificiales, interfaces neuronales, impresión 3D, inteligencia artificial y robótica abre nuevas posibilidades para que la recuperación después de una emergencia no signifique únicamente sobrevivir, sino también recuperar autonomía, reconstruir proyectos de vida y volver a participar activamente en la sociedad.
El desarrollo de una prótesis moderna exige mucho más que fabricar articulaciones, motores o estructuras resistentes.
Aunque sus materiales, mecanismos y sistemas electrónicos puedan provenir de diferentes disciplinas, el desafío está en integrarlos correctamente con un sistema vivo. Un dispositivo debe comprender movimientos y señales, pero también interactuar de manera segura con tejidos, nervios y procesos fisiológicos, es allí donde se encuentra uno de los principales campos de acción de la bioingeniería.
Esta integración también tiene una dimensión emocional. Recuperar determinado movimiento, ejecutar una actividad cotidiana con independencia o volver a percibir sensaciones puede transformar la manera en que una persona se relaciona con su cuerpo después de un evento traumático.
Para la directora Ángela Fernanda Gómez Jiménez, una reflexión alrededor de estas tecnologías, es que permite comprender el propósito social de la ingeniería, no solo desarrollando soluciones técnicamente posibles, sino capaces de responder a situaciones reales y contribuir a la reconstrucción de la vida.
Si existe una combinación tecnológica con capacidad de transformar el desarrollo de prótesis y otros dispositivos médicos, está formada por inteligencia artificial, robótica e impresión 3D.
Cada tecnología cumple una función diferente, pero su integración permite desarrollar soluciones con mayores niveles de personalización y respuesta.
Impresión 3D: fabricar pensando en cada paciente
La impresión 3D ha acelerado la producción de piezas personalizadas y permite desarrollar modelos anatómicos tridimensionales que sirven como apoyo en contextos clínicos y procesos de formación.
Su potencial también se extiende a la fabricación de prótesis humanas de emergencia y al desarrollo de alternativas relacionadas con la salud animal.
Los modelos tridimensionales pueden ayudar a comprender estructuras anatómicas, preparar procedimientos y explorar soluciones antes de llevarlas a una intervención real.
Inteligencia artificial: aprender del movimiento
La inteligencia artificial permite analizar patrones asociados con la marcha y otros movimientos.
Aplicada a una prótesis, puede contribuir al ajuste de sus sistemas durante el uso, buscando optimizar la respuesta del dispositivo, disminuir riesgos de caída y gestionar de una mejor manera el gasto energético.
También puede convertirse en una herramienta para procesar grandes cantidades de información proveniente del análisis de bioseñales, agilizando tareas que sin estas capacidades podrían requerir mucho más tiempo.
Robótica: fuerza, precisión y sensibilidad
La robótica aporta sensores, actuadores y sistemas de control cada vez más compactos.
Su integración permite desarrollar dispositivos capaces de reproducir con mayor precisión determinados movimientos, niveles de fuerza y acciones propias de una extremidad biológica.
Cuando estas tres tecnologías convergen, la prótesis comienza a dejar de ser vista como una estructura pasiva para convertirse progresivamente en un sistema capaz de percibir información, procesarla y responder al entorno y al usuario.
El desarrollo tecnológico avanza rápidamente, pero disponer de una tecnología no significa automáticamente que todas las personas puedan acceder a ella,convirtiéndose asi en uno de los mayores desafíos de la bioingeniería.
En países en desarrollo como Colombia, las comunidades que enfrentan mayores niveles de vulnerabilidad pueden ser también las más afectadas después de una emergencia. Por eso, desarrollar una solución extraordinariamente avanzada pero inaccesible económicamente puede limitar considerablemente su impacto.
Aquí adquiere relevancia la innovación frugal: desarrollar dispositivos funcionales, resistentes y adecuados a las necesidades de las personas manteniendo costos que permitan ampliar sus posibilidades de acceso.
Ángela Fernanda Gómez Jiménez, plantea que este escenario también invita a pensar la ingeniería desde la investigación y la proyección social, buscando que los avances tecnológicos puedan convertirse en respuestas concretas frente a los desafíos de las comunidades.
El impacto de estas tecnologías no termina cuando una persona vuelve a caminar, sujetar un objeto o realizar determinada acción.
La recuperación de la autonomía puede transformar múltiples dimensiones de la vida.
Una prótesis o un dispositivo de rehabilitación puede facilitar el regreso a actividades laborales, educativas, familiares y sociales, disminuyendo la necesidad de asistencia permanente.
Después de un evento traumático, esa autonomía también tiene una dimensión emocional. Recuperar progresivamente capacidades y niveles de independencia puede aportar al bienestar durante un proceso en el que la salud mental adquiere especial relevancia. El desafío, entonces, no consiste únicamente en reparar una función fisiológica.
Una catástrofe evidencia vulnerabilidades, pero también obliga a preguntarse qué tipo de conocimiento necesita una sociedad para responder ante ellas.
En ese escenario, la ingeniería puede adquirir un propósito que va mucho más allá de desarrollar productos.
Significa diseñar soluciones para recuperar funciones, crear dispositivos accesibles, integrar tecnologías emergentes, anticipar las necesidades de los pacientes y comprender las implicaciones sociales y éticas de cada innovación.
Desde la perspectiva planteada por Ángela Fernanda Gómez Jiménez, directora del programa de Bioingeniería e Ingenieria mecatrónica, la capacidad de integrar saberes, tecnología y necesidades humanas resulta fundamental cuando se buscan respuestas frente a problemas complejos.
El profesional del futuro deberá ser capaz de comprender que una prótesis no es únicamente un conjunto de piezas, que una señal biológica no es solamente un dato y que detrás de cada dispositivo existe una persona que intenta recuperar su autonomía.
Si necesitas enviar documentación o recibir información oficial, puedes escribirnos a: correspondencia@lasalle.edu.co