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NoticiaDe las heladas y sequías a la Ingeniería Agronómica que protege la mesa de los colombianos
El clima no perdona, pero el campo responde
business Facultad de Ciencias Agropecuarias
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event 10 Sep, 2027

El clima en Colombia dejó de ser una conversación cotidiana sobre el tiempo para convertirse en el factor decisivo de la economía familiar. Fenómeno como El Niño y La Niña ya no son eventualidades aisladas, sino ciclos recurrentes que ponen en jaque la seguridad alimentaria del país. Cuando el calor se prolonga o las lluvias escasean, el impacto no se queda en el campo: recorre cientos de kilómetros hasta golpear el bolsillo de los ciudadanos en la tienda de la esquina.
Comprender la vulnerabilidad de la agricultura ante la escasez de agua y las altas temperaturas exige superar la idea de que existen cultivos inmunes.
"Los cultivos en general, o básicamente los seres vivos, somos sensibles al déficit hídrico y al calor", explica Carlos Julio Fernández Pérez, docente de la Facultad de Ciencias Agropecuarias en el Campus Utopía de la Universidad de La Salle.
El impacto real en la cosecha depende de la región, el acceso a fuentes de agua y la etapa fenológica en la que se encuentre la planta.
Si el verano golpea en momentos críticos como la floración o el llenado del fruto, situación recurrente en la papa o los cultivos frutales, el crecimiento se detiene y los rendimientos caen de forma drástica. Para evitar la pérdida total, el agricultor debe asumir un esfuerzo financiero imprevisto. "Si disminuyen las lluvias, el agricultor dispone de menos agua y, para mitigar esto, debe invertir más energía en riego, manejo de cultivos y podas", agrega Fernández Pérez. Esta sobreinversión eleva los costos de producción y termina trasladándose a toda la cadena de comercialización hasta encarecer el plato de comida en la mesa.
En la agricultura moderna, la premisa es contundente: no es posible mandar sobre el clima, pero sí es posible programarse para entenderlo y adaptarse a su variabilidad. Desde la Ingeniería Agronómica moderna se superó la postura de reaccionar a última hora para "salvar" cosechas y se migró hacia una gestión predictiva orientada a llevar los procesos a buen término.
Hoy, la toma de decisiones en el terreno se apoya en una red tecnológica que integra estaciones meteorológicas automáticas, sensores de humedad, imágenes satelitales y monitoreo con drones. "Estas herramientas nos ayudan a tomar decisiones técnicas acertadas respecto a calendarios y manejos", señala el docente. Entre estas soluciones destacan los hidroretenedores, geles que almacenan agua en la raíz en épocas secas, y el cálculo del rango mínimo de humedad que tolera cada planta antes de entrar en estrés hídrico.
El objetivo central es diseñar sistemas productivos resilientes. Esto implica conservar la estructura del suelo, optimizar el uso del riego y seleccionar materiales vegetales adaptados, garantizando que la producción agrícola del país no dependa únicamente de si llueve o no.
Aunque tradicionalmente se asocia al ingeniero agrónomo con el trabajo directo en la siembra, su campo laboral es estratégico para el desarrollo territorial y social de Colombia. Al entender la finca como un sistema complejo donde convergen el suelo, el clima, la sanidad vegetal y el ordenamiento de la tierra, el programa de Ingeniería Agronómica prepara profesionales cuyo conocimiento resulta clave en múltiples sectores.
Su perfil es demandado tanto en la investigación y comercialización como en entidades públicas de la talla del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), la Agencia Nacional de Tierras o el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). Asimismo, su integración en organizaciones no gubernamentales y proyectos de desarrollo rural permite acompañar a las comunidades campesinas en la construcción de territorios prósperos.
Frente a la urgencia ambiental, la Universidad de La Salle enmarca la formación del programa de Ingeniería Agronómica bajo el principio de aprender haciendo y enseñar demostrando. En el Campus Utopía, concebido como un laboratorio vivo a disposición de los estudiantes, la escasez de agua o el exceso de lluvias no se estudian en un tablero, sino en sistemas productivos reales.
En este entorno práctico, los futuros ingenieros agrónomos enfrentan directamente la variabilidad climática:
Durante temporadas de lluvias intensas: diseñan e implementan rutas de drenaje para canalizar el agua y hacer un aprovechamiento óptimo del recurso.
Durante épocas de sequía o Fenómeno del Niño: instalan bombas, gestionan sistemas de irrigación por goteo y aplican tecnologías de retención de humedad.
Esta práctica continua en campo se complementa con laboratorios especializados de suelos, agua, material vegetal, agroindustria y análisis de datos agrometeorológicos.
Producir alimentos suficientes para una población en crecimiento sin agotar los recursos naturales es uno de los mayores desafíos éticos y científicos de nuestra era. El programa de Ingeniería Agronómica no solo responde a la crisis climática desde la tecnología; le devuelve la dignidad y la viabilidad económica al campo colombiano.
Cada decisión que se toma en la tierra, desde cuidar una cuenca hídrica hasta proteger la vida del suelo, determina qué tan próspero, justo y sostenible será nuestro país. Estudiar e innovar desde la Ingeniería Agronómica es, en última instancia, la acción más directa para garantizar que el futuro de Colombia siga teniendo con qué alimentarse.
Si necesitas enviar documentación o recibir información oficial, puedes escribirnos a: correspondencia@lasalle.edu.co