Bogotá atraviesa uno de los procesos de transformación urbana más importantes de su historia reciente. La construcción del metro, junto con múltiples obras de infraestructura vial, ha incrementado de manera significativa la exposición de la población a contaminantes atmosféricos, en especial al material particulado fino (PM10 y PM2.5). Si bien los efectos respiratorios y cardiovasculares de la polución son ampliamente conocidos, sus implicaciones sobre la salud visual continúan siendo subestimadas.
La superficie ocular constituye una de las principales vías de contacto directo con el ambiente. La exposición crónica a contaminantes como partículas en suspensión, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles favorece procesos inflamatorios que alteran la homeostasis (el equilibrio) de la película lagrimal y la integridad de los tejidos oculares. Diversos estudios han demostrado una asociación entre la polución ambiental y el aumento en la prevalencia de enfermedades como el síndrome de ojo seco, la blefaritis, la conjuntivitis y la disfunción de glándulas de Meibomio.
Adicionalmente, dicha exposición prolongada a contaminantes atmosféricos también se ha relacionado con otro tipo de patologías oculares crónicas de mayor riesgo ocular tales como: queratitis (inflamación corneal), glaucoma y degeneración macular relacionada con la edad. Esta últimas especialmente en poblaciones vulnerables como niños, adultos mayores y personas con enfermedades sistémicas.
En el contexto actual de nuestra ciudad, resulta fundamental adoptar medidas de prevención y promoción de la salud visual. Entre las principales recomendaciones se incluyen el uso de gafas protectoras en entornos de alta polución, la lubricación ocular adecuada, el lavado frecuente de párpados y pestañas, así como la consulta oportuna con profesionales de la salud visual ante la presencia de síntomas como ardor, enrojecimiento, sensación de cuerpo extraño, visión borrosa y disminución progresiva o abrupta de la agudeza visual.
Desde la Facultad de Ciencias de la Salud, reafirmamos el compromiso con la educación, la investigación y la sensibilización de la comunidad frente a los efectos de la polución ambiental. Comprender que el entorno urbano también impacta la salud ocular es un paso clave para promover ciudades más saludables y una cultura del autocuidado visual en medio del progreso urbano.