Los efectos de un terremoto no terminan cuando deja de sentirse el movimiento. El miedo, la incertidumbre y la alteración de la vida cotidiana pueden generar importantes impactos emocionales. Por eso, cuidar la salud mental después de un terremoto resulta fundamental para afrontar una emergencia y favorecer la recuperación de las personas y las comunidades.
Ante la situación que vive Colombia, Claudia Janneth Garzón, directora del Departamento de Estudios Sociales de la Universidad de La Salle destaca la importancia de fortalecer el acompañamiento psicosocial, las redes de apoyo y las estrategias comunitarias de cuidado frente a los efectos emocionales que pueden producir los desastres naturales. En situaciones de desastre y emergencia pueden incrementarse los problemas psicosociales y las afectaciones relacionadas con la salud mental. En estos escenarios, la respuesta no depende exclusivamente de los servicios de salud: el acompañamiento de familiares, comunidades y redes cercanas también cumple un papel fundamental.
Durante las primeras etapas posteriores a una emergencia puede resultar complejo que los sistemas de salud atiendan integralmente las necesidades de toda la población. En este contexto, las estrategias comunitarias basadas en el cuidado y la contención se convierten en herramientas importantes para proteger el bienestar emocional.
Claudia señala que el apoyo emocional después de un terremoto debe reconocer las tradiciones locales, las diversidades culturales y las condiciones particulares de las poblaciones más vulnerables. También es necesario comprender que algunas personas pueden atravesar la emergencia con afectaciones emocionales previas que se intensifican ante un evento catastrófico. “Muchas personas pueden tener condiciones previas de afectación que se agudizan ante un evento catastrófico”. Por esta razón, proteger la salud mental implica reconocer que cada persona afronta lo sucedido de manera diferente y que los procesos de recuperación deben respetar sus necesidades, ritmos y circunstancias particulares.
¿Cómo afrontar emocionalmente un terremoto?
Como alternativa de acompañamiento, Claudia retoma los aportes de las pedagogías de emergencia inspiradas en la pedagogía Waldorf, concebidas como un conjunto de primeros auxilios psicológicos y emocionales. Desde esta perspectiva existen tres momentos fundamentales para afrontar el impacto emocional de un desastre natural:
- Estabilización rápida: busca ayudar a calmar el sistema nervioso después del impacto inicial producido por el evento.
- Recuperar la sensación de seguridad: consiste en establecer rutinas, espacios predecibles y entornos protectores que ayuden a reconstruir progresivamente una percepción de tranquilidad.
- Prevención de afectaciones posteriores: busca evitar que el estrés agudo producido por la emergencia evolucione hacia un estrés postraumático crónico.
También pueden realizarse pequeños movimientos, ejercicios de sensibilidad corporal y prácticas que permitan recuperar progresivamente la conexión con el cuerpo y el entorno. Estas acciones buscan contribuir a la estabilización emocional después de vivir un momento de alto impacto. La expresión creativa puede convertirse en otra herramienta de acompañamiento. Actividades como la pintura, el modelado y otras formas de creación permiten generar espacios para expresar emociones y procesar las experiencias relacionadas con el desastre. Claudia destaca la importancia de propiciar espacios de escucha que permitan construir narrativas sobre lo sucedido. Los cuentos, relatos y otras formas de expresión pueden aportar a los procesos de contención emocional. Más allá de cualquier ejercicio o estrategia, uno de los aspectos centrales para cuidar la salud mental ante un desastre natural es el acompañamiento humano.
También destaca como elementos esenciales “el acompañamiento cálido, la escucha empática y fraterna”, siempre respetando los ritmos y procesos personales. Después de un terremoto, recuperar la tranquilidad puede requerir tiempo. Fortalecer las redes familiares y comunitarias, generar espacios seguros, recuperar paulatinamente las rutinas y permitir que las personas expresen lo vivido son acciones que pueden contribuir al proceso de recuperación emocional. En situaciones de emergencia, cuidar también significa escuchar, acompañar y reconocer que la recuperación de la vida cotidiana incluye tanto las condiciones materiales como el bienestar emocional de las personas.