La miopía en niños se ha convertido en una preocupación creciente para familias, colegios y profesionales de la salud visual. En Colombia, diferentes estudios han evidenciado que este error refractivo aparece desde edades escolares, aumenta con el paso de los años y puede progresar si no se detecta y controla oportunamente.
La miopía ocurre cuando los objetos lejanos se ven borrosos, mientras que la visión cercana suele conservarse. Su crecimiento se relaciona con factores como mayor tiempo en interiores, actividades prolongadas de visión próxima, uso de pantallas, urbanización, menor exposición al aire libre y predisposición genética.
En Colombia, la evidencia muestra que la miopía en niños no es un fenómeno aislado. El estudio de Garcia-Lozada, Rey-Rodríguez, Angulo-Sánchez y Sánchez-Espinosa, publicado en International Journal of Ophthalmology en 2024, evaluó a 1.139 niños entre 5 y 12 años en Soacha y reportó una prevalencia de miopía del 20,8 %. Además, encontró que la frecuencia aumentaba significativamente con la edad.
Por su parte, el estudio MIOPUR, desarrollado por Galvis, Tello, Otero, Serrano, Gómez, Camacho y López-Jaramillo, evaluó población en 10 departamentos colombianos. En niños y adolescentes entre 8 y 17 años, reportó una prevalencia global de miopía del 12,9 % y de 14,7 % en adolescentes de 15 años. También identificó mayor frecuencia en zonas urbanas que rurales.
Estos hallazgos coinciden con una tendencia observada a nivel mundial: la miopía en niños aumenta en contextos donde hay más actividades de cerca, mayor exigencia académica, uso intensivo de dispositivos digitales y menos tiempo al aire libre.
La atención de este error refractivo requiere mucho más que formular gafas. Implica identificar el riesgo de progresión, revisar antecedentes familiares, conocer los hábitos visuales, valorar la exposición al aire libre y definir controles periódicos. En este proceso, el optómetra cumple un papel clave en la detección, el seguimiento y la orientación familiar, mientras que el oftalmólogo puede intervenir en casos que requieren manejo médico o terapéutico complementario.
Un dato relevante para el país es el estudio de Correa Gamba, titulado Progresión de la miopía, durante seis meses, en una población de niños entre 6 y 10 años. Esta investigación encontró una progresión significativa de la miopía en población infantil, especialmente en niños más pequeños, en casos de miopías altas y en algunos grupos femeninos. Esto demuestra que la condición no solo aparece en la infancia, sino que puede avanzar si no se realiza un seguimiento adecuado.
Las estrategias actuales de control incluyen aumentar el tiempo al aire libre, idealmente alrededor de dos horas diarias cuando sea posible; realizar pausas visuales durante actividades de cerca; usar gafas especializadas con tecnologías de desenfoque periférico; adaptar lentes de contacto multifocales o diseños específicos para control de miopía, y mantener controles clínicos periódicos.
También se ha estudiado el uso de atropina en bajas concentraciones, como 0,01 %, 0,025 % y 0,05 %, para reducir la progresión miópica. Esta alternativa terapéutica debe manejarse de manera articulada entre optómetra y oftalmólogo, de acuerdo con la valoración del caso, el riesgo individual y el seguimiento profesional.
En este contexto, la formación en optometría pediátrica cobra especial relevancia. Un especialista en esta área puede desempeñarse en clínicas, consultorios especializados, instituciones educativas, programas de salud pública, investigación, docencia y proyectos de prevención visual en población infantil.
Su labor es clave para detectar errores refractivos, orientar a las familias, diseñar planes de seguimiento, participar en jornadas escolares y acompañar estrategias de control de la progresión.
En Unisalle, la Especialización en Optometría Pediátrica fortalece la formación clínica para atender las necesidades visuales de niñas, niños y adolescentes desde una mirada integral. El programa se conecta con una tradición académica e investigativa en salud visual, incluyendo estudios sobre progresión de miopía en población infantil atendida en la Clínica de Optometría de la Universidad.
Esta formación permite comprender la miopía en niños desde el diagnóstico, el seguimiento, la prevención, el acompañamiento familiar y el trabajo interdisciplinario entre optómetra, oftalmólogo y otros profesionales de la salud.
La miopía en niños exige profesionales preparados para diagnosticar, orientar y acompañar decisiones clínicas basadas en evidencia. Conoce el programa de Especialización en Optometría Pediátrica en La Salle