Su conexión con el sistema nervioso y la posibilidad de estudiar su estructura con tecnologías no invasivas la convierten también en una ventana para conocer cambios asociados con la salud neurológica.
Una de estas herramientas es la tomografía de coherencia óptica (OCT), una tecnología que permite obtener imágenes detalladas de las estructuras retinales y cuantificar, entre otros parámetros, el espesor de la capa de fibras nerviosas de la retina (RNFL). En un reciente estudio interdisciplinar realizado en Colombia, tecnológicamente se exploró y planteo un estudio, tratando de explicar si la práctica profesional del fútbol podía asociarse con modificaciones retinales relacionadas con impactos repetitivos en la cabeza.
El trabajo, realizado en Bogotá, comparó 25 futbolistas profesionales y 38 jóvenes no deportistas. Los jugadores entrenaban al menos 12 horas semanales y tenían más de cinco años de práctica deportiva.
Los resultados son llamativos: los futbolistas presentaron un mayor espesor de la capa de fibras nerviosas retinales en prácticamente todos los cuadrantes evaluados. Al mismo tiempo, su agudeza visual, visión del color y presión intraocular se mantuvieron dentro de parámetros normales. Sin embargo, la sensibilidad al contraste fue significativamente menor en los futbolistas que en el grupo control.
Los autores plantean que estos cambios podrían relacionarse con la exposición acumulada a conmociones y microtraumas repetitivos de la cabeza. No obstante, el estudio no demuestra una relación causal y sus resultados deben interpretarse con prudencia debido al reducido tamaño de la muestra y su diseño transversal.
Así las cosas, los investigadores Johanna M. González Bermúdez, Alejandro León Álvarez, Carlos A. Castillo Daza, Carlos A. Suárez Forero, Juan C. Cuesta Redondo, Martín E. Giraldo Mendivelso y John F. Rodríguez Aponte, abren una importante conversación: practicar deporte también implica cuidar la salud visual y neurológica. Por ello, tanto deportistas aficionados como profesionales, especialmente quienes participan en deportes de contacto, deberían incorporar controles visuales periódicos y valoración multidisciplinaria cuando exista exposición repetitiva a impactos en la cabeza.
Para ampliar este estudio, visita este enlace: 10.18176/archmeddeporte.00233