En los últimos años, algunas sustancias psicoactivas han adquirido una percepción social de menor riesgo debido a su presentación, denominaciones populares o contextos recreativos en los que circulan. Sin embargo, detrás de nombres asociados al entretenimiento puede existir una realidad diferente: moléculas sintéticas con composiciones variables, efectos impredecibles y consecuencias potencialmente graves para el organismo. Entre ellas se encuentra el 2C-B, una sustancia psicoactiva sintética perteneciente al grupo de las fenetilaminas, reconocida por sus efectos alucinógenos y estimulantes.
El consumo de esta sustancia puede generar alteraciones a nivel neurológico, cardiovascular y emocional. Entre sus efectos se describen cambios en la percepción, ansiedad intensa, desorientación, aumento de la frecuencia cardiaca, elevación de la presión arterial, alteraciones de la temperatura corporal y episodios de intoxicación. Uno de los mayores riesgos está relacionado con que muchas sustancias comercializadas bajo un mismo nombre pueden contener mezclas desconocidas o adulterantes, aumentando la posibilidad de respuestas tóxicas inesperadas. En Colombia, las autoridades han identificado la presencia de diferentes nuevas sustancias psicoactivas (NPS), algunas utilizadas para adulterar drogas conocidas como LSD o éxtasis, evidenciando la dificultad de conocer realmente qué consume una persona.
Verdad: una sustancia “sintética” no significa que sea segura ni controlable.
Mito: que una droga sea consumida por algunas personas en ambientes sociales elimina sus riesgos.
Verdad: la combinación con alcohol, medicamentos u otras sustancias puede potenciar los efectos tóxicos.
Dentro de las complicaciones descritas para algunas sustancias psicoactivas adulteradas se encuentran alteraciones vasculares severas, daño de tejidos por disminución del flujo sanguíneo e incluso lesiones como necrosis digital en casos extremos, asociadas a componentes y contaminantes presentes en mezclas ilícitas. La variabilidad de fabricación convierte cada consumo en una exposición de alto desconocimiento.
Como comunidad académica y del sector salud, la Universidad de La Salle y su Facultad de Ciencias de La Salud, hacemos un llamado: debemos fortalecer la educación, la prevención y la toma de decisiones informadas. La responsabilidad involucra a consumidores, familias, instituciones educativas, autoridades y profesionales de la salud: comprender los riesgos es el primer paso para proteger la vida, la salud mental y el bienestar colectivo.
Información basada en los más recientes reportes de la Asociación Colombiana de Medicina Vascular y el Observatorio de Drogas de Colombia a través de su Sistema de Alertas Tempranas y el CIENA de la Policía Nacional