Adriana Senior expresa su compromiso con el campo colombiano y relata que su vocación de servicio comenzó desde la infancia.
Al referirse a la mujer rural, señala que durante su trayectoria en el sector agropecuario no percibió inicialmente que ser mujer representara una diferencia, aunque reconoce que se trataba de un espacio mayoritariamente masculino.
Explica que en 2020, desde la Corporación Colombia Internacional (CCI), identificaron que solo el 12% del trabajo realizado estaba destinado a mujeres, mientras que el 88% estaba destinado a hombres. Esta situación llevó a reconocer que la inequidad también estaba presente en los procesos relacionados con el campo y el desarrollo.
Adriana plantea que las mujeres son motor de transformación, creación y dinamismo dentro de las familias y cuestiona por qué esa participación no debería reflejarse también en el desarrollo económico y social del país.
Al hablar de mujeres étnicas, menciona a mujeres indígenas, afrodescendientes, negritudes, raizales y palenqueras, dentro de la diversidad territorial del país.
Desde su perspectiva, una de las necesidades es generar oportunidades que permitan fortalecer los ingresos y el bienestar, así como la autoestima y el reconocimiento del papel que cumplen las mujeres en sus familias, comunidades y territorios.
También aborda la resiliencia frente a experiencias como el maltrato intrafamiliar o las situaciones relacionadas con zonas de conflicto, y destaca las formas de organización y defensa comunitaria desarrolladas por las mujeres.
Finalmente, plantea la importancia de que la universidad estudie quién es la mujer rural y trabaje con y para ella, fortaleciendo su reconocimiento, visibilidad y participación.