Durante muchos años, en Colombia se vivió una guerra atravesada por el miedo, la estigmatización y la naturalización de la violencia. Territorios como el Catatumbo han estado históricamente marcados por el abandono estatal y la confrontación armada, y la población civil quedó atrapada entre múltiples violencias.
Los llamados falsos positivos representan una de las expresiones más dolorosas de esta desgarradora guerra, porque implican la ruptura profunda de principios éticos y humanitarios fundamentales. Por eso, cada verdad que emerge de estos hechos tiene un enorme valor para la sociedad colombiana.
La justicia restaurativa nos plantea un desafío distinto al de la justicia tradicional: nos invita no solamente a sancionar, sino también a comprender las condiciones que hicieron posible la violencia, a reconocer responsabilidades y a abrir caminos de transformación social.
En este proceso, la palabra de los comparecientes es relevante porque permite reconstruir contextos, identificar patrones, esclarecer hechos y aportar elementos que contribuyen a la memoria histórica y a la garantía de no repetición.
