La actividad económica depende de flujos de energía, materiales, biodiversidad, trabajo humano y condiciones ecológicas que no son infinitas.
La bioeconomía no puede reducirse a producir más con base en recursos biológicos; implica reconocer que toda producción transforma irreversiblemente la materia y la energía, genera desgaste ecológico y está sometida a límites biofísicos.
La bioeconomía cuestiona la visión tradicional de la economía como un sistema abstracto basado en el crecimiento ilimitado, y propone situarla nuevamente dentro de los ciclos de la vida, los tiempos de regeneración ecológica y las condiciones materiales que sostienen la sociedad, con el fin de reorganizar la producción, el consumo y el bienestar dentro de los límites de la naturaleza.